Mi experiencia con el autismo.
- APCJ
- hace 3 días
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La palabra es desconocida en su significado para muchos, pero cuando la escuchamos es común relacionarla con la mente, con el cerebro e incluso se relaciona a personas que tienen “algo” diferente al “común” de los demás.
Lo más importante de manifestar en su definición, es que el autismo no es una enfermedad.
¿Conoces a una persona que no le guste la cebolla? ¿Una persona que no es tolerante a la lactosa? ¿Qué es alérgica a los mariscos, la canela o algún otro alimento? Pues bien, así como seguramente si las conoces, te quiero compartir mi experiencia de aprendizaje con personas que han tenido un diagnóstico clínico de Trastorno del Espectro Autista, a los cuales nos referimos como TEA.
Las personas con este diagnóstico de TEA son también hiper selectivas con su alimentación, conocen sabores, texturas, aromas, son observadores de lo que comen. Por lo regular son algunos pocos alimentos que están en la lista de lo que les gusta. Experimentan muy poco con otra alimentación, conozco casos de personas sin diagnóstico de TEA que no comen por ejemplo hígado encebollado, simplemente por lo visual. Eso pasa a las personas con TEA, ven un producto nuevo y no se atreven a comerlo, es más, ni siquiera a tocarlo.
Te tengo otra pregunta ¿Conoces a alguien en tu trabajo, en tu escuela o en tu propia familia que no saluda? Bueno, los casos de TEA indican que existe una alta relación con aspectos socioemocionales en la vida diaria de una persona diagnosticada. A personas con TEA les cuesta mucho más relacionarse con otros, la buena noticia es que como en casa, existen terapias que ayudan a elevar esos niveles de sociabilidad, les cuesta más trabajo, pero si logran tener esa conexión otras personas.
Las personas con TEA si socializan, pero también son selectivos, con algunos pueden dejarse tocar, saludar de mano, e incluso dar muestras de cariño. Sin embargo, existen otras personas a las cuales no les va bien en dicha relación. Conozco el caso de un niño a quien durante casi un año o más, su terapeuta de socialización no logró hacer “Clic” pero el último día de sus sesiones dijo una palabra mágica “Oye” y le toco el hombro. ¿Qué sería? No lo sabemos, pero nos indica que se puede trabajar.
Las personas con TEA se alejan de los demás, son solitarios y rutinarios. Pero poco a poco conviven, se expresan, te invitan a jugar o simplemente atienden un llamado para que estés con ellos bajo sus mismas rutinas diarias. Si bien tienen problemas con la comunicación oral, logran expresar sus ideas, emociones y necesidades con pocas palabras, con gestos, y sobre todo con la comprensión y paciencia que podemos cultivar junto con ellos.
Su comportamiento tiene que ver con espectro de neurodivergencia, es decir, que su cerebro responde de manera diferente a cada una de sus sensaciones y aspectos que se le presentan, identifican y estudian su alrededor, desarrollan habilidades muy por encima de otros seres humanos sin diagnóstico clínico, lo que nos lleva a decir que son excepcionales por su grado de desarrollo intelectual, recordando entonces que su comunicación (oral, principalmente) no permite en ocasiones identificar esas fortalezas que tienen.
En conclusión, tienen un desarrollo neurológico diferente, responde de manera diferente ante las amenazas del peligro, pues no lo miden igual que el resto de la población. También, tenemos que recalcar que una persona debe ser diagnosticada con el Trastorno del Espectro Autista (TEA) clínicamente, no por presentar ciertos rasgos se puede concluir que tienen esa condición neurodivergente.
Existen terapias que ayudan a socializar, a probar nuevos alimentos, a mejorar el temperamento y para ello debemos estar preparados, ayudando en caso de tener algún alumno o compañero con esta condición: con respeto, con inclusión y empatía ponemos nuestro granito de arena en este día 2 de abril día mundial de concientización sobre el autismo.
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